Todo aprendizaje supone una modificación en las estructuras cognitivas de los alumnos o en sus esquemas de conocimiento y se consigue mediante la realización de determinadas operaciones cognitivas. A lo largo del tiempo se han presentado, como lo hemos visto, diversas concepciones sobre la manera en la que se producen los aprendizajes y sobre los roles que deben adoptar tanto los estudiantes como los profesores en estos procesos. Es por ello que considero que el aprendizaje más que algo trivial, es un proceso complejo en donde se involucran una serie de saberes y factores que deben tomarse en cuenta para poder determinarlo.
Aprender no solo significa memorizar, es necesario también comprender, analizar, y considerar las situaciones para su aplicación, así como integrar los nuevos conocimientos con saberes previos para integrar nuevos esquemas de conocimiento que permitan al individuo demostrar su capacidad para saber, saber hacer y saber ser y saber convivir en determinadas circunstancias.
El aprendizaje es un proceso mediante el cual una persona adquiere conocimientos, destrezas o habilidades, incorpora contenidos informativos o adopta nuevas estrategias de conocimiento y acción, dentro de un marco de valores y actitudes que demuestran su ser. Evaluar este proceso es realmente muy complejo.
El proceso de aprendizaje es interminable, es un proceso evolutivo básico del cambio en la conducta como resultado de la experiencia o de la práctica. Se aprenden no solo habilidades y conocimientos, sino también actitudes, sentimientos, valores y patrones de pensamiento. El aprendizaje no solo se puede evaluar con simples preguntas, se debe evaluar en función de todos los saberes que conforman el propio aprendizaje.
Para observar y medir el aprendizaje es necesario tomar en cuenta los resultados obtenidos, las competencias adquiridas y la transformación del ser, reconociendo todos los saberes que participan en el proceso de aprendizaje: cognitivos, procedimentales, actitudinales y de valores. Es por ello que concluyo que el aprendizaje no es superficial ni trivial, tampoco se puede medir con simples preguntas basadas en contenidos de alguna materia o asignatura, ello nos daría un resultado parcial del saber (cognitivo) y no estaríamos en posición de evaluar ciertamente el aprendizaje del sujeto.
Recordemos que una de las competencias que debemos desarrollar como docentes es la evaluación de los procesos de enseñanza y de aprendizaje con un enfoque formativo, ello requiere establecer criterios y métodos de evaluación de aprendizaje con base en el enfoque de competencias, dar seguimiento a ese proceso de aprendizaje, mantener una comunicación constructiva y consistente y sugerir alternativas de superación a nuestros estudiantes así como fomentar la autoevaluación y coevaluación a fin de afianzar su propio aprendizaje. Para ello debemos cambiar y/o enriquecer nuestra práctica educativa, a través del conocimiento y la capacitación continua que nos permita conocer y reconocer formas de evaluación del aprendizaje de manera integral u holística, apegado a un enfoque de competencias.